Saturday, July 22, 2006

La luz es una onda, eso lo aprendimos con el tiempo. Antes no sabiamos que era eso invisible que venía del cielo y que chocaba con las cosas y las hacia brillar y calentarse. En esos días, la tierra era tan plana como parecia, comprendía sólo lo que eramos capaces de recorrer con la mirada, lo que esa cosa que venía del cielo nos permitía ver. No sabíamos porqué llegaba todas las mañanas y por que se iba cada noche, de donde venía y de donde volvía, si alguna vez dejaría de llegar.

Comprendimos que no habían respuestas para algunas de nuestras preguntas, no están al alcance de los argumentos, así que creamos a los dioses para explicárnoslas. Si un hombre es la unión de un espermatozoide y un óvulo, un dios es la unión de una pregunta y una respuesta (insatisfactoria, quizá) y no necesita de matriz, se gestan dentro de nuestras cabezas.


En el amanecer de un nuevo día nació en Egipto Rah (aunque entonces ya existía el Sol).

Desde entonces el hombre a venerado al Sol cuando se levanta cada mañana, y puede que hallamos olvidado que es Rah quién nace todos los días, pero no que tememos que deje de salir un día. Por que sin luz no hay vida, sin luz no hay color, sólo oscuridad, y en la oscuridad todo es negro.


Los colores están hechos de luz y sin luz no existirían los colores. El negro no es un color, es la ausencia de todos ellos. Por eso en la noche todos los gatos son negros.


La luz es color y de que color sea dependerá de la frecuencia de la su onda. La luz blanca tiene todas las frecuencias de ondas posibles, otras luces no. Eso las diferencia de las luces de colores, que tienen sólo unas frecuencias de ondas determinadas.

Si la luz es blanca, tiene ondas de todas las frecuencias, por lo que un objeto reflejando la luz blanca puede parecer de cualquier color. La luz del sol durante buena parte del día es blanca, aunque no en el amanecer ni en el atardecer. En ese momento la posición del sol con respecto a la tierra hace que únicamente ondas de ciertas frecuencias logren entrar en la atmósfera, por lo que la luz es de otro color.


Al mediodía, cuando el sol esta alto, existen ondas de todas las frecuencias, y la luz es blanca. Para los egipcios al mediodía el sol no es más escarabajo, es Rah, el disco solar en toda su expresión. Ante su luz blanca todos se encandilan y parecen como en segundo plano.


Al mediodía, cuando la luz blanca abunda, los pigmentos cobran más vida y cualquier color que sea visible puede cobrar vida. Los colores son infinitos, una onda teóricamente puede tener cualquier frecuencia, pero nosotros no podemos verlos todos, estamos condenados a ver únicamente una estrecha franja de longitudes de onda, eso que conocemos como el espectro visible. Los colores del espectro son los del arco iris (ver foto 7), y se forman al descomponer la luz blanca en distintos colores.

Nosotros no tenemos luz, sólo la reflejamos, y por eso en la ausencia de luz todo sería negro. Las ondas de luz rebotan como lo hacen cuando chocan contra el espejo. sólo que cuando lo hacen contra las cosas de alguna manera se filtran y muestran sólo la onda de luz que refleja su pigmento. Todas las demás se absorben, de una u otra forma los objetos consumen colores, se los tragan, se alimentan de ellos, y nosotros sólo vemos aquellos que los objetos dejan, ese que reflejan.
Una pelota naranja realmente nos parece naranja, aunque en realidad ese sea el único color que no absorbe, naranja. Si pudiésemos ver los colores que la pelota absorbe, podría ser de cualquier color que quisiera.

Una extraña dualidad esa que existe entre el blanco y el negro, son mutuamente excluyentes entre ellos, son extremos, pero juntos están muy bien porque contrastan. Cuando hacemos una fotografía en blanco y negro es como si absorbiéramos nosotros los colores, como si se reflejaran en los pigmentos de la imaginación y no pertenecieran más a los objetos. Y nosotros nunca hemos visto los objetos de esas formas, estamos adecuados a ellos y a sus reflejos de colores. Por eso cuando los eliminamos los objetos pueden cambiar tanto hasta llegar a hacerse, y entonces empezar a transmitir algo que sólo es capaz la mente de ver, ya no solo nos bastan los ojos.


El color negro es como la noche, carece de luces, carece de colores. El hombre le teme a la falta de colores, a la noche oscura. Con el atardecer la sombra empieza a tragarse la tierra, muy pronto estará aquí la noche y todas las cosas que eso implica. Cuando no hay luz ni color todo puede ocurrir, nada es increíble, no vemos más las cosas.


Una fotografía es como una mordida en el tiempo, unas ondas de luz que registran durante un instante pero que se hacen eternas. Los colores ya no cambian, son únicos, la fotografía hizo esclava la luz a la imagen. Cada vez que se muestre ante luz blanca reflejará la manera en que la luz se reflejaba en ellos en ese momento, porque retratamos efectivamente luz, aunque nos importe el objeto. Pero la fotografía, tal como la vida, es únicamente posible si hay luz, y al menos la luz durante el día no es eterna. Siempre acaba, como Atón, el viejo, el ocaso, devorada por la diosa del cielo, Nut. ¿A donde va? Nadie podría saberlo. Los egipcios creían que Atón realizaba un peligroso viaje por el infierno, y si logra sobrevivir a todos los peligros a que se enfrenta volvería a la tierra convertido en escarabajo, y entonces empezaría todo de nuevo. No sabemos si volveremos a verlo, si sobreviva esta vez a todos los retos. Lo único que podemos es mirar hacia donde se oculta y esperar hasta que sea de nuevo mañana (Foto 12).